Perú ante el laberinto de la atomización: 35 candidatos y un sistema diseñado para que nada cambie

A solo una semana de las urnas, el pueblo peruano se enfrenta a un cuarto oscuro asfixiante. Con una fragmentación récord de 35 candidaturas presidenciales, la derecha extractivista y el "partidismo de mercado" intentan diluir la potencia de un proyecto popular que devuelva la soberanía al país de los Incas.

Perú ante el laberinto de la atomización: 35 candidatos y un sistema diseñado para que nada cambie
Perú ante el laberinto de la atomización

En el Perú del "anarco-capitalismo" de hecho y de las instituciones crujientes, la democracia parece haberse convertido en un supermercado de personalismos. A siete días de las elecciones generales del 12 de abril, la oferta electoral presenta una cifra obscena: 35 aspirantes al sillón de Pizarro. Para el análisis peronista y progresista, esta no es una muestra de "pluralidad", sino la evidencia del éxito del modelo neoliberal en su tarea de atomizar la voluntad popular para que el poder real —la oligarquía financiera y las mineras— siga gobernando desde las sombras.

La trampa de la dispersión

Cuando existen 35 boletas, lo que se busca es que el pueblo no encuentre un cauce común. Esta fragmentación extrema es el sueño dorado de los sectores reaccionarios como el fujimorismo o la derecha confesional de López Aliaga, quienes, con núcleos duros de votantes y el apoyo del aparato mediático hegemónico, apuestan a llegar a un balotaje mediante el descarte y la confusión de las mayorías trabajadoras.

Mientras la "casta" limeña celebra este carnaval de candidatos, los problemas estructurales del Perú —la falta de justicia social, la entrega de los recursos naturales y la persecución a la protesta social— quedan en un segundo plano. Es la técnica del ruido: donde todos hablan, nadie es escuchado.

La resistencia popular frente al asedio

Sin embargo, entre la maleza de los partidos de alquiler, asoman las fuerzas que intentan reconstruir la esperanza nacional. Desde el espacio de Juntos por el Perú, con Roberto Sánchez, y las expresiones territoriales de la izquierda que resisten el avance del extractivismo, se intenta articular una propuesta que hable de Soberanía, Trabajo y Dignidad.

El desafío en Perú es el mismo que en toda la Patria Grande: transformar la bronca contra un Congreso desprestigiado y una justicia selectiva en una herramienta de organización política. No alcanza con votar; hace falta una estructura que defienda los intereses de los campesinos, los estudiantes y los obreros frente al constante intento de los sectores dominantes de tutelar la democracia mediante golpes parlamentarios.

El fantasma de la continuidad vs. el grito de liberación

Las encuestas hablan de un final abierto y de una segura segunda vuelta en junio. El riesgo es que, ante tal nivel de dispersión, el electorado termine optando por "el mal menor" o se refugie en el abstencionismo, dejando el camino libre para que la derecha más rancia recupere el control total del Estado para profundizar el ajuste.

"La fragmentación es el arma de los que no tienen pueblo. La unidad, en cambio, es el escudo de los humildes", sostienen desde las organizaciones sociales que, a pesar del asedio, siguen movilizadas en las provincias del sur.


El domingo 12 de abril, el Perú no solo elige un presidente; elige si sigue siendo el patio trasero de los intereses trasnacionales o si comienza a caminar el sendero de la emancipación.