El robo del siglo a nuestros viejos: La crueldad de un bono congelado mientras la timba financiera no descansa
Desde marzo de 2024, el régimen libertario ha decidido que el ajuste lo paguen quienes dieron su vida trabajando. Con un bono de $70.000 estancado en el tiempo y devorado por una inflación galopante, el gobierno de Javier Milei ejecuta una transferencia de recursos sin precedentes desde los bolsillos de los jubilados hacia las arcas del capital financiero. ¿Cuánto les están robando hoy a los que menos tienen? Por Redacción Popular
Desde marzo de 2024, el régimen libertario ha decidido que el ajuste lo paguen quienes dieron su vida trabajando. Con un bono de $70.000 estancado en el tiempo y devorado por una inflación galopante, el gobierno de Javier Milei ejecuta una transferencia de recursos sin precedentes desde los bolsillos de los jubilados hacia las arcas del capital financiero. ¿Cuánto les están robando hoy a los que menos tienen?
Por Redacción Popular
Para el dogma de la "motosierra", los jubilados no son personas con derechos, sino renglones en una planilla de Excel que hay que tachar. La desidia no es casual, es planificada. A dos años de aquel marzo de 2024, cuando se fijó el último aumento del bono extraordinario, la realidad en las góndolas y en las farmacias demuestra que lo que antes era un paliativo, hoy es apenas una migaja humillante.
La licuadora contra la dignidad: Las cifras del saqueo
El cálculo que el oficialismo pretende ocultar es obsceno. Si el bono de $70.000 hubiera seguido el ritmo de la inflación generada por la desregulación total de precios y los tarifazos, hoy la cifra debería ser radicalmente distinta.
Según estimaciones de especialistas en seguridad social con sensibilidad popular, para recuperar el poder adquisitivo que aquel monto tenía hace dos años, el bono debería superar hoy los $250.000.
- Bono congelado: $70.000 (Desde hace 24 meses).
- Lo que deberían cobrar: +$250.000 (Solo para empatar el desastre inflacionario).
- El robo mensual por jubilado: Más de $180.000 que el Estado le quita a cada abuelo para financiar el superávit fiscal de la casta financiera.
Esta diferencia abismal no es solo un dato estadístico; es la diferencia entre que un jubilado pueda comprar sus medicamentos o tenga que elegir qué comida saltearse en el día.
Un plan sistemático de exterminio social
Entendemos que la jubilación es salario diferido, un derecho conquistado tras décadas de lucha obrera. El congelamiento del bono no es una "omisión técnica", es una herramienta de disciplinamiento social. Mientras el gobierno celebra ante los mercados internacionales y los organismos de crédito, el costo humano es la desnutrición y el desamparo de nuestra clase pasiva.
Contrario a la máxima peronista de que "los únicos privilegiados son los niños" —extensible a nuestros adultos mayores como depositarios de la sabiduría y el esfuerzo nacional—, el modelo de Milei ha invertido la lógica: los únicos privilegiados son los especuladores, mientras los "viejos" son descartables.
La resistencia por la movilidad y la justicia
No hay "libertad" si no se llega a fin de mes. La defensa de la movilidad jubilatoria y la actualización urgente de los bonos es hoy una de las trincheras principales del campo nacional y popular. No se trata de "pedir" un aumento, sino de exigir la restitución de lo robado.
La historia argentina es clara: el peronismo vino a dignificar la vejez con moratorias, con la estatización de las AFJP y con un sistema solidario. Hoy, el desafío es volver a poner al ser humano en el centro de la política, frenando este saqueo a mano armada que pretende convertir la jubilación en una limosna de caridad.
