¿Caballo de Troya o soberanía tecnológica? La guerra por el software automotriz y la paranoia del Norte Global
Bajo la narrativa del "espionaje y el sabotaje", las potencias centrales intentan frenar el avance de la industria china. Lo que está en juego no es solo la seguridad, sino quién controlará el flujo de datos y la infraestructura crítica en la era del litio y el transporte automatizado. Mientras Occidente levanta muros digitales, la periferia se pregunta: ¿quién defiende nuestra soberanía de datos?
Bajo la narrativa del "espionaje y el sabotaje", las potencias centrales intentan frenar el avance de la industria china. Lo que está en juego no es solo la seguridad, sino quién controlará el flujo de datos y la infraestructura crítica en la era del litio y el transporte automatizado. Mientras Occidente levanta muros digitales, la periferia se pregunta: ¿quién defiende nuestra soberanía de datos?
La noticia recorre las redacciones de Europa y Estados Unidos como un escalofrío: los vehículos eléctricos chinos, dotados de sensores de última generación, cámaras de alta resolución y conectividad permanente, son vistos ahora como amenazas a la seguridad nacional. Sin embargo, para quienes analizamos la tecnología desde una perspectiva de liberación o dependencia, el trasfondo es mucho más complejo que un simple guion de película de espías.
Estamos ante la geopolítica del software. El automóvil ha dejado de ser un objeto mecánico para convertirse en una terminal de datos sobre ruedas. Y en este escenario, la "alarma" de Washington y Bruselas parece ser, en realidad, el manotazo de ahogado de una industria automotriz tradicional que perdió la carrera de la innovación frente al gigante asiático.
El doble estándar del colonialismo digital
Resulta llamativo que los mismos gobiernos que hoy denuncian el riesgo de "sabotaje remoto" de Beijing, son los que han permitido —y fomentado— que corporaciones del Silicon Valley recolecten, procesen y comercialicen la vida privada de miles de millones de personas a través de sus smartphones y sistemas operativos.
Para el establishment occidental:
- Si los datos los recolecta Google o Tesla, es "progreso y experiencia de usuario".
- Si los datos los procesa BYD o Xiaomi, es "amenaza totalitaria y espionaje estatal".
La preocupación por la ciberseguridad es legítima, pero no puede ser la excusa para un proteccionismo tecnológico que solo busca mantener el monopolio del conocimiento en manos de las potencias del Norte.
El riesgo del "botón de apagado": ¿Ficción o realidad?
El informe de Infobae resalta la posibilidad de un "sabotaje remoto" que podría paralizar flotas enteras. Técnicamente, cualquier dispositivo conectado mediante tecnología OTA (Over-the-Air) es vulnerable. Esto no es exclusivo de China; es una característica intrínseca del capitalismo de plataformas y del Internet de las Cosas (IoT).
La verdadera pregunta que debemos hacernos como argentinos y latinoamericanos es: ¿Dónde están los servidores que controlan nuestros sistemas? Si nuestra infraestructura de transporte depende de una "nube" extranjera —sea esta de Virginia o de Shenzhen—, nuestra soberanía política está en riesgo. El problema no es el origen del auto, sino la falta de una Nube Nacional y Popular que nos permita auditar y controlar el código que corre en nuestras calles.
El mameluco y el código fuente
La crisis en el Norte por los autos chinos es una lección para nuestra propia industria. No podemos ser meros importadores de "cajas negras" tecnológicas. La defensa de la industria nacional no pasa solo por ensamblar unidades, sino por la capacidad de soberanía sobre el software.
Si el futuro es eléctrico y conectado, la respuesta no es sumarse a la paranoia de la Guerra Fría 2.0 que propone el imperialismo, sino exigir:
- Auditoría de código abierto para todo vehículo que circule en suelo nacional.
- Almacenamiento local de datos de usuarios para evitar el extractivismo de información.
- Desarrollo propio de componentes, utilizando nuestro litio no solo como materia prima, sino como corazón de una tecnología que responda a los intereses del pueblo.
