El naufragio de la economía real: La asfixia a las PyMEs como proyecto de despojo nacional

Lo que hoy atraviesa el tejido productivo de nuestra Patria no es un simple bache estadístico, sino una recesión planificada que golpea en el corazón de quienes sostienen el mercado interno. Mientras los grandes grupos concentrados y el capital financiero festejan variables macroeconómicas alejadas de la gente, miles de pequeñas y medianas empresas libran una batalla silenciosa por la supervivencia en las calles del conurbano y el interior profundo.

El naufragio de la economía real: La asfixia a las PyMEs como proyecto de despojo nacional
El naufragio de la economía real.

Lo que hoy atraviesa el tejido productivo de nuestra Patria no es un simple bache estadístico, sino una recesión planificada que golpea en el corazón de quienes sostienen el mercado interno. Mientras los grandes grupos concentrados y el capital financiero festejan variables macroeconómicas alejadas de la gente, miles de pequeñas y medianas empresas libran una batalla silenciosa por la supervivencia en las calles del conurbano y el interior profundo.

El desierto en el mostrador: El consumo como derecho vulnerado

No nos engañemos con indicadores parciales. La "recesión silenciosa" que menciona la columna original de Ámbito es, en realidad, el grito desesperado de un pueblo que ha visto pulverizado su poder adquisitivo. Cuando el salario deja de alcanzar para lo esencial, el primer impacto lo sufren el comercio de barrio y la industria nacional.

La persistente retracción del consumo no es un dato técnico; es la evidencia de una desigualdad creciente. Hoy tenemos una demanda fragmentada donde una minoría privilegiada sostiene niveles de consumo suntuoso, mientras la gran mayoría de la población —los trabajadores que son el motor de las PyMEs— se ve forzada a recortar hasta lo más básico.

Sin mercado interno no hay Patria

Las PyMEs no son solo unidades de negocios; son el principal generador de empleo y el sostén de la identidad local. A diferencia de las corporaciones transnacionales que fugan sus divisas ante la menor crisis, la PyME argentina no tiene "espalda financiera" porque su capital es el trabajo diario.

El modelo actual, que promueve una apertura indiscriminada de importaciones, coloca a nuestra producción en una competencia desigual y suicida. Abrir las fronteras para que ingresen productos extranjeros mientras se asfixia al productor local con costos logísticos y financieros impagables es, llanamente, una política de desindustrialización.

La farsa de la estabilidad sin desarrollo

La estabilidad macroeconómica que pregona el oficialismo es una cáscara vacía si el entramado productivo pierde densidad. No habrá crecimiento genuino mientras el crédito sea un lujo inalcanzable para la inversión productiva y siga siendo un instrumento de especulación financiera.

Desde una visión peronista y progresista, afirmamos:

  • El mercado interno es soberanía: Sin consumo popular no hay escala para la industria nacional.
  • El crédito debe ser un derecho: Financiar el capital de trabajo y la modernización tecnológica es una obligación del Estado para garantizar el futuro.
  • No a la reforma laboral como única respuesta: El problema no es el costo de los derechos de los trabajadores, sino un modelo que desprecia la producción nacional frente al avance del capital importador.

Conclusión: Crecer para Liberarnos

Cuando una persiana se baja en el conurbano, no solo se pierde una empresa; se destruyen proyectos de vida, se pierde innovación local y se compromete el destino de la comunidad. La Argentina solo será viable si sus PyMEs pasan de la resistencia heroica al crecimiento sostenido bajo un paraguas de protección estatal y justicia social.

Porque como bien señala la realidad cotidiana: cuando la PyME se apaga, el país se achica; pero cuando el trabajo argentino se fortalece, es toda la Nación la que camina hacia su definitiva liberación.