La Argentina de la "motosierra" suma ocho meses de agonía productiva y el sector automotriz se hunde un 24%

El dogma del libre mercado está logrando su objetivo: una Patria desmantelada. La industria nacional encadenó su octavo mes de caída consecutiva, con las terminales automotrices —corazón de la mano de obra calificada— liderando un desplome que huele a suspensiones y despidos masivos. No es un error de cálculo; es un plan de miseria planificada.

La Argentina de la "motosierra" suma ocho meses de agonía productiva y el sector automotriz se hunde un 24%
La Argentina de la "motosierra"

La realidad de las fábricas argentinas se ha convertido en un cementerio de proyectos y sueños de movilidad social. Según los últimos datos oficiales, la actividad industrial volvió a derrapar, acumulando ocho meses de retroceso ininterrumpido. En este escenario de tierra arrasada, el sector automotriz, histórico termómetro de la pujanza nacional, registró un hundimiento del 24%, una cifra que estremece a las familias metalmecánicas de Córdoba, Santa Fe y el Gran Buenos Aires.

Este dato no es una simple estadística fría: es el grito de un modelo de soberanía industrial que está siendo asfixiado por un gobierno que prefiere la timba financiera a los tornos encendidos.

El ataque al corazón del trabajo argentino

El desplome del 24% en la producción de vehículos es la consecuencia directa de una doble pinza mortal:

  1. Apertura indiscriminada: El ingreso de productos importados sin ningún tipo de resguardo para el trabajo local.
  2. Destrucción del consumo: Con salarios de indigencia y una clase media pulverizada, comprar un auto se ha vuelto una quimera para el trabajador.

Cuando las terminales dejan de producir, el efecto dominó es devastador. No son solo las grandes empresas; son miles de PyMEs autopartistas, talleres y comercios de cercanía que bajan sus persianas. Lo que Milei llama "saneamiento", nosotros lo llamamos industricidio.

¿Superávit a costa de qué?

Mientras el ministro de Economía se jacta de números fiscales que solo cierran en su planilla de Excel, las líneas de montaje se detienen. El "ajuste más grande de la historia de la humanidad" está logrando convertir a la Argentina en un país primarizado, una colonia exportadora de recursos naturales sin valor agregado, donde el obrero industrial es un estorbo para el esquema de negocios global.

"No hay justicia social sin pleno empleo, y no hay pleno empleo sin una industria protegida y fomentada por un Estado que entienda que producir es gobernar".

Un modelo que solo cierra con represión y silencio

Este octavo mes de caída confirma que la "luz al final del túnel" es, en realidad, el tren del desempleo que viene de frente. La industria nacional no necesita "libertad" para morir, necesita crédito productivo, tarifas energéticas pesificadas y un mercado interno fuerte que traccione la demanda.

Desde las bases territoriales y los sindicatos, la advertencia es clara: un país sin chimeneas es un país sin futuro. La resistencia contra este modelo de hambre no es solo por un salario; es por la defensa de una Argentina capaz de fabricar su propio destino.