La tecnología como nueva gramática del poder: del debate ideológico al control del algoritmo

En la actual fase del capitalismo informacional, la disputa por el poder ha desplazado su centro de gravedad. Como bien analiza Marcos Victorica, el acceso a la conducción de las sociedades contemporáneas ya no se dirime exclusivamente en el terreno de las plataformas programáticas tradicionales, sino en la capacidad técnica de procesar, segmentar y dirigir la voluntad popular a través de la mediación tecnológica. Sin embargo, reducir este fenómeno a una mera cuestión instrumental sería un error: la tecnología no es neutral; es el nuevo territorio donde se libra la batalla por la soberanía.

La tecnología como nueva gramática del poder: del debate ideológico al control del algoritmo
La tecnología como nueva gramática del poder

La premisa es clara: "ya no es ideología, es tecnología". Pero desde una perspectiva nacional y popular, entendemos que esta afirmación encierra una trampa política. Lo que presenciamos no es el fin de las ideologías, sino su mutación en algoritmos. El uso de la inteligencia artificial, el Big Data y la microsegmentación publicitaria —herramientas hoy concentradas en un puñado de corporaciones transnacionales— ha transformado al ciudadano en un usuario y a la militancia en consumo digital.


Soberanía tecnológica: la última frontera

El riesgo de este paradigma es la profundización de la dependencia. Si el acceso al poder depende del uso de herramientas que no controlamos, la independencia económica y la soberanía política quedan supeditadas a los términos y condiciones de Silicon Valley. Los sectores populares y el entramado productivo nacional se encuentran ante un desafío estructural: cómo construir representatividad en un ecosistema diseñado para la fragmentación social y el individualismo exacerbado.

La tecnología, bajo la actual lógica de mercado, tiende a reforzar las relaciones de poder preexistentes. La brecha digital no es solo técnica, es de clase. Quienes poseen los recursos para financiar el despliegue tecnológico son quienes logran imponer su narrativa, a menudo en detrimento de los intereses del trabajo y la producción argentina.

Por ello, la respuesta no debe ser el ludismo, sino la politización de la técnica. Una Argentina con justicia social requiere de una tecnología situada, puesta al servicio del desarrollo nacional y no de la manipulación conductual. Entender que el poder hoy se ejerce a través de la fibra óptica es el primer paso para recuperar las banderas históricas en un siglo XXI que no espera a los rezagados.

¿Cómo creés que la concentración de datos en empresas extranjeras condiciona hoy la autonomía de nuestras decisiones políticas nacionales?