Pymes en la cornisa: el costo humano del desguace productivo

El último relevamiento sectorial arroja una cifra alarmante: casi la mitad de las pequeñas y medianas empresas evalúa reducir su personal en los próximos meses. Detrás de la estadística se esconde el desmantelamiento deliberado del mercado interno en favor de la valorización financiera.

Pymes en la cornisa: el costo humano del desguace productivo
Pymes en la cornisa

El escenario para el entramado productivo nacional ha dejado de ser de incertidumbre para convertirse en uno de supervivencia. Según datos recientes, el 46% de las Pymes argentinas proyectan recortes en su plantilla laboral. Este fenómeno no es una consecuencia colateral imprevista, sino el corolario lógico de un modelo económico que, bajo la premisa del equilibrio fiscal, ha decidido asfixiar el consumo y priorizar una transferencia de ingresos brutal hacia los sectores más concentrados y transnacionales.

Históricamente, el peronismo ha entendido que la soberanía política es inalcanzable sin una base industrial sólida. Las Pymes, que generan el 70% del empleo privado en el país, representan el corazón de ese proyecto de independencia económica. Hoy, ese corazón está bajo ataque. La combinación de una recesión inducida —que desploma las ventas— y una estructura de costos en ascenso —impulsada por tarifazos en energía y combustibles— configura una "tenaza" que estrangula la viabilidad de los talleres y comercios de barrio.

La problematización aquí es profunda: cuando una Pyme despide, no solo se pierde un puesto de trabajo; se fractura el tejido social. La pérdida de empleo en estos sectores impacta directamente en la capacidad de subsistencia de las familias populares, reduciendo la movilidad ascendente y profundizando una desigualdad estructural. Estamos ante una reedición agravada de los ciclos de desindustrialización de los años 90, donde el trabajo es desplazado por la especulación.

En esta disputa de poder, el Estado ha desertado de su rol como regulador y protector del mercado interno. Mientras se facilitan las importaciones que compiten deslealmente con lo producido en suelo nacional, se deja a la deriva a quienes apuestan al capital fijo y al valor agregado. La defensa de las Pymes no es una cuestión de corporativismo empresarial; es la defensa de una nación que se niega a ser una mera exportadora de materias primas con una sociedad fragmentada. Sin producción nacional no hay destino soberano posible.