Genocidio industrial: El plan de entrega de Milei ya se cargó 10.000 PyMEs y amenaza con desintegrar el trabajo argentino

Lo que el General Perón construyó como el motor de la movilidad social ascendente, el actual experimento libertario lo está convirtiendo en un cementerio de persianas bajas. Según advirtió Daniel Rosato, presidente de Industriales PyMEs Argentinos (IPA), 10.000 empresas nacionales están hoy en estado de coma inducido por un modelo que desprecia la producción y rinde culto a la timba financiera.

Genocidio industrial: El plan de entrega de Milei ya se cargó 10.000 PyMEs y amenaza con desintegrar el trabajo argentino
Genocidio industrial

La muerte anunciada de la industria nacional

No es un accidente, es un plan. La desaparición de 10.000 pequeñas y medianas empresas no es el resultado de la "competencia", sino de un ataque deliberado al corazón del mercado interno. Al destruir el poder adquisitivo del pueblo y fomentar una apertura indiscriminada de importaciones, el Gobierno de Javier Milei ha dejado a las PyMEs atrapadas en una pinza mortal: costos de primer mundo y salarios de miseria que no pueden comprar lo que ellas producen.

La advertencia de Rosato es el grito de una industria que agoniza mientras la "casta" financiera festeja el superávit a costa del hambre de los trabajadores. Cada fábrica que cierra no es solo un número en una estadística fría; es una tragedia social, son familias en la calle y es un paso más hacia una Argentina colonial, exportadora de materias primas e importadora de trabajo ajeno.


Los tres jinetes del apocalipsis productivo de la derecha:

  • Tarifazos para la oligarquía energética: Mientras las familias y las fábricas no pueden pagar el gas y la luz, las empresas energéticas —amigas del poder— perciben ganancias extraordinarias. El costo de la energía se ha vuelto un impuesto al trabajo nacional.
  • Apertura de importaciones "boba": Se le abren las puertas a productos extranjeros subsidiados, destruyendo la competencia leal y condenando a muerte a sectores estratégicos como el textil, el metalmecánico y el calzado.
  • Destrucción del consumo popular: Sin plata en el bolsillo de los trabajadores, no hay demanda. El modelo libertario rompió el círculo virtuoso peronista de "producción-consumo-empleo".

"Estamos viendo una transferencia de recursos sin precedentes desde el sector productivo hacia el sector financiero y energético. Si no hay un cambio de rumbo urgente, el daño al tejido social será irreversible. Una PyME que cierra es un eslabón de la soberanía nacional que se pierde", advierten desde los sectores industriales combativos.


Sin industria no hay Nación, sin justicia no hay paz social

Entendemos que defender a la PyME es defender la soberanía. La derecha siempre ha querido una Argentina para pocos, una "estancia" donde sobre la mitad de la población. Por eso, este ataque a las empresas familiares y a los talleres de barrio es, en realidad, un ataque a la clase media y a la columna vertebral del peronismo: la clase trabajadora organizada.

La historia nos juzgará por nuestra capacidad de resistir este desguace. El Estado debe volver a ser el escudo de los débiles y el promotor del desarrollo nacional, no el sicario de los mercados transnacionales.

La bandera de la Justicia Social no se negocia, y la industria argentina se defiende con el pecho, contra un gobierno que prefiere importar espejitos de colores antes que valorar el esfuerzo de su propio pueblo.