La moneda en el aire de la hegemonía libertaria: estabilidad financiera vs. fragilidad social
A dos años del inicio de su gestión, el interrogante sobre la consolidación de Javier Milei no se resuelve en las planillas de Excel, sino en la calle. Mientras el relato oficial intenta vender un escenario de cimientos sólidos tras la victoria legislativa de medio término en 2025, la realidad de abril de 2026 devuelve una imagen más compleja: la de un Gobierno que ha logrado estabilizar algunas variables macroeconómicas a costa de una erosión sin precedentes del tejido social.
La pregunta que se hace el Círculo Rojo —¿se consolida o se debilita?— esconde una trampa analítica. Milei ha consolidado un método de gobernabilidad iliberal, basado en la confrontación permanente y el uso de las redes como dispositivo de disciplina política. Sin embargo, su legitimidad de origen empieza a chocar con una legitimidad de ejercicio cada vez más precaria. La caída de su aprobación al nivel más bajo de su mandato, según los últimos registros de marzo, revela que el "sujeto arrepentido" ya no es una entelequia de la oposición, sino una realidad estadística.
El costo de la "estabilización"
El programa económico, que el Presidente defiende con un dogmatismo que ya no distingue entre teoría y realidad, ha generado una transferencia de ingresos tan profunda que ha licuado el consumo básico. La inflación de marzo, que volvió a saltar al 3,4%, desnudó la fragilidad de un plan que solo se sostiene con recesión y pérdida de poder adquisitivo.
Para los sectores populares, la "moneda en el aire" de la que hablan los analistas del establishment ya cayó de un lado: el del ajuste. La parálisis de la obra pública y el abandono de la inversión estratégica han dejado al país en una vulnerabilidad energética que hoy se paga con divisas y mañana con más tarifazos.
Una disputa de poder estructural
Lo que está en juego no es solo la popularidad de un líder, sino la viabilidad de un modelo que pretende una independencia económica de signo invertido: soberanía para los mercados, dependencia para el pueblo. La consolidación de Milei sería, en última instancia, la consolidación de una Argentina atendida por sus propios dueños, donde la justicia social sea borrada definitivamente del contrato democrático. La historia enseña que la hegemonía nunca es eterna, especialmente cuando el "éxito" de un modelo se construye sobre el sacrificio de las mayorías.
