La falacia de la "libertad": Precarización y sombras criminales en el gremialismo que soñó Adorni

El intento del actual vocero presidencial por articular un sindicato "blue" para repartidores revela la cara más oscura de la desregulación: un vacío legal donde convergen la fragilidad laboral y el avance de estructuras delictivas.

La falacia de la "libertad": Precarización y sombras criminales en el gremialismo que soñó Adorni
La falacia de la "libertad"

La genealogía política de Manuel Adorni sumó un capítulo que trasciende la anécdota para transformarse en un síntoma de época. Antes de ser la voz de la "motosierra", Adorni impulsó la creación del Sindicato de Repartidores Independientes (SRI), una estructura diseñada bajo la lógica de la "uberización": desarticular la organización colectiva tradicional en favor de una supuesta autonomía que, en la práctica, solo profundiza la vulnerabilidad del trabajador.

Sin embargo, el experimento del sindicalismo "amarillo" derivó en un escenario alarmante. La reciente revelación de que la cúpula de aquel proyecto —encabezada por figuras como Mariano Sosa— mantiene vínculos estrechos con el narco crimen organizado en Rosario, específicamente con la banda de "Los Monos", desnuda el peligro latente de los modelos laborales que reniegan del Estado.

Este hecho no es azaroso. La destrucción del entramado social y el ataque sistemático a las organizaciones gremiales históricas —garantes de la justicia social y la soberanía del trabajo— dejan un territorio fértil para que el capital desregulado y las economías ilícitas ocupen el lugar del derecho. Allí donde el pensamiento neoliberal ve "colaboradores independientes", la realidad social muestra trabajadores sin protección, expuestos a ser el eslabón más débil de disputas territoriales ajenas.

Resulta de una hipocresía estructural que, mientras el gobierno nacional estigmatiza a las instituciones del movimiento obrero tildándolas de "casta", sus principales cuadros hayan promovido sellos de goma vinculados a investigaciones por lavado de activos y violencia narco. La "independencia económica" que pregonaban terminó siendo la puerta de entrada para la degradación del tejido productivo y la seguridad ciudadana.

Este episodio exige una reflexión profunda sobre el rol del Estado: la ausencia de una regulación que proteja la dignidad del trabajo no genera libertad, sino anomia. En la intersección entre la precariedad de plataforma y el avance delictivo, se juega la supervivencia de un modelo de país basado en la producción y el derecho, frente a una distopía donde el mercado, sin ley, termina pactando con la sombra.