Intrigas en la "Rosada" libertaria: El clan Milei-Menem y la pelea por el control del aparato represivo mientras la Patria sangra
Mientras las barriadas populares de nuestra Argentina resisten el embate de un ajuste brutal que vacía heladeras y sueños, en los pasillos de la Casa Rosada se libra una guerra de vanidades y ambiciones que nada tiene que ver con el bienestar del pueblo. La "casta" que prometieron combatir no solo se ha reciclado, sino que ha mutado en una suerte de monarquía autoritaria donde el "control total" es la única divisa de cambio.
Mientras las barriadas populares de nuestra Argentina resisten el embate de un ajuste brutal que vacía heladeras y sueños, en los pasillos de la Casa Rosada se libra una guerra de vanidades y ambiciones que nada tiene que ver con el bienestar del pueblo. La "casta" que prometieron combatir no solo se ha reciclado, sino que ha mutado en una suerte de monarquía autoritaria donde el "control total" es la única divisa de cambio.
La última semana dejó al desnudo la profunda fractura en el corazón del proyecto antipatria. Karina Milei, autodenominada "El Jefe", ha intensificado su ofensiva para desplazar a Santiago Caputo, el "monje negro" que maneja los hilos de la SIDE y la recaudación nacional. Influenciada por el linaje de los Menem —rostros visibles del desguace estatal de los 90—, la hermana presidencial busca la sumisión absoluta del gabinete.
La sumisión ante el Norte y el vacío de poder El nivel de subordinación a los intereses extranjeros alcanzó un punto grotesco cuando el propio Javier Milei se vio obligado a cancelar su peregrinación a Mar-a-Lago. No fue por un rapto de dignidad nacional ante el tutelaje de Donald Trump, sino porque "la hermana" decidió no acompañarlo en otro papelón internacional. Es la imagen misma de un gobierno acéfalo, donde las decisiones de Estado se rigen por los estados de ánimo de un círculo familiar cerrado y oscurantista.
El retorno del Menemismo como farsa trágica Bajo el ala de Karina, los Menem operan para capturar áreas clave. Su objetivo inmediato es el Ministerio de Justicia. Tras el inminente retiro de Cúneo Libarona, la facción riojana pretende poner a sus propios alfiles para controlar la interlocución con los jueces. No buscan justicia para los trabajadores, sino impunidad para el saqueo y el manejo de las causas que cercan a sus propios funcionarios.
Mientras tanto, Santiago Caputo se regocija en una estética militarista y represiva, enfocando su poder en el control de las fuerzas de seguridad y la inteligencia. Es la cara de un modelo que necesita del garrote para implementar la entrega de nuestros recursos naturales y la quita de derechos laborales.
Disciplina de hierro y desprecio democrático La concepción de la política de este espacio quedó resumida en las palabras de sus propios armadores: "El que ventile sus diferencias, está fuera". Es la lógica del disciplinamiento propio de un régimen que no tolera la disidencia ni el debate, mucho menos el pensamiento nacional.
Queda claro que la tensión no es por modelos de país contrapuestos, sino por quién se queda con las llaves de la caja y el control de la justicia. Mientras ellos juegan al trono, el pueblo argentino, heredero de las luchas de Perón y Evita, observa con indignación cómo se rifa la soberanía en el altar de los intereses corporativos y las internas de un clan que le ha dado la espalda a la realidad de la calle.
La reconstrucción de la Patria exigirá, más temprano que tarde, que la política vuelva a ser la herramienta de los humildes y no el juguete de una élite desconectada y autoritaria.
