El mercado caníbal de Milei: Bajo el ala del DNU, los alquileres ya duplican a la inflación y asfixian al pueblo trabajador
Desde la vigencia del inconstitucional DNU 70/23, que barrió con los derechos de los inquilinos, el costo de la vivienda en la Ciudad de Buenos Aires se disparó un 211%. Mientras el Gobierno celebra un "superávit" construido sobre el hambre, las familias trabajadoras destinan la mayor parte de sus ingresos simplemente para no quedar en la calle.
La teoría del "derrame" y la "mano invisible del mercado" han vuelto a demostrar su verdadera cara en la Argentina de Javier Milei: una mano que aprieta el cuello de quienes menos tienen para llenar los bolsillos de la especulación inmobiliaria. Según datos recientes, desde diciembre de 2023 —fecha en que se impuso el decretazo desregulador— los alquileres han aumentado un 211,2%, una cifra que humilla al ya de por sí doloroso 107% de inflación acumulada en el mismo período.
Esta brecha de más de 100 puntos porcentuales no es un accidente técnico ni una falla del sistema; es el resultado buscado de una política diseñada para transferir ingresos de las mayorías populares hacia los sectores rentistas.
El mito de la oferta y la realidad del saqueo
El discurso oficialista, replicado por las cámaras inmobiliarias, intentó vender la idea de que la derogación de la Ley de Alquileres —aquella que, con sus imperfecciones, otorgaba un marco de previsibilidad y protección al eslabón más débil— traería una baja de precios por el aumento de la oferta. La realidad, ese único juez de la verdad, les dio un cachetazo: a pesar de que hay más propiedades en alquiler, los precios han escalado a niveles prohibitivos.
¿Por qué? Porque en un mercado desregulado, la "libertad" es solo para el propietario y las grandes inmobiliarias. Sin un Estado que garantice el equilibrio, el derecho humano a la vivienda queda reducido a una mercancía de lujo. Hoy, un monoambiente en la Capital Federal promedia los $450.000, una cifra que pulveriza el Salario Mínimo, Vital y Móvil y empuja a la clase media trabajadora hacia la periferia o al hacinamiento.
La vivienda como derecho, no como negocio
Este escenario es insostenible. Mientras el peronismo históricamente bregó por el acceso a la vivienda propia y la protección del inquilino frente al abuso, el modelo anarcocapitalista propone un retorno a la Argentina pre-Perón, donde el trabajador vivía bajo la voluntad absoluta de la oligarquía urbana.
El aumento de los alquileres por encima de la inflación es un impuesto directo a la existencia de las familias. La "libertad de contrato" de Milei no es más que la libertad de ser desalojado, la libertad de elegir entre comer o pagar el techo, y la libertad de las corporaciones inmobiliarias para cartelizar precios a su antojo.
Un llamado a la resistencia de los inquilinos
Las organizaciones de inquilinos ya lo advirtieron: estamos ante una emergencia habitacional sin precedentes. No hay "pacto de mayo" ni "ley bases" que valga si el pueblo no puede pagar un techo donde dormir.
Frente a la crueldad de los números y la insensibilidad de un gobierno que mira planillas de Excel mientras las familias desesperan, se vuelve urgente retomar las banderas de la regulación estatal, la protección contra los aumentos abusivos y la recuperación de una política de vivienda nacional y popular. Porque donde hay una necesidad de vivienda, nace un derecho que el mercado nunca podrá satisfacer por su cuenta.
