¿Unidad o pactismo? La llegada de Moisés a la vicepresidencia del Senado bajo la sombra de los gobernadores "dialoguistas"

En un escenario de fragmentación que debilita la resistencia legislativa, la senadora jujeña Carolina Moisés asume la Vicepresidencia Segunda del Senado. La maniobra, digitada desde las sombras por el salteño Gustavo Sáenz, enciende las alarmas en el campo nacional y popular: ¿estamos ante una estrategia de contención o frente a un nuevo capítulo de la entrega en cómodas cuotas de las provincias al ajuste centralista?

¿Unidad o pactismo? La llegada de Moisés a la vicepresidencia del Senado bajo la sombra de los gobernadores "dialoguistas"
¿Unidad o pactismo?

En un escenario de fragmentación que debilita la resistencia legislativa, la senadora jujeña Carolina Moisés asume la Vicepresidencia Segunda del Senado. La maniobra, digitada desde las sombras por el salteño Gustavo Sáenz, enciende las alarmas en el campo nacional y popular: ¿estamos ante una estrategia de contención o frente a un nuevo capítulo de la entrega en cómodas cuotas de las provincias al ajuste centralista?

Mientras el pueblo argentino sufre los embates de un modelo económico que pulveriza salarios y entrega soberanía, los pasillos del Senado de la Nación se convierten en el tablero de una partida de ajedrez donde el protagonismo no lo tienen las necesidades de las mayorías, sino las urgencias de los "señores feudales" de las provincias que buscan sobrevivir al vendaval libertario pactando con el verdugo.

La designación de Carolina Moisés como Vicepresidenta Segunda del cuerpo no es un hecho aislado ni una simple cuestión de mérito parlamentario. Es, ante todo, el resultado de una ingeniería política donde la "mano invisible" de Gustavo Sáenz —gobernador de Salta y abanderado del peronismo que prefiere el "diálogo" con la Casa Rosada antes que la confrontación de clases— ha movido las piezas con precisión quirúrgica.

El peronismo de los gobernadores vs. el peronismo de la resistencia

La asunción de Moisés expone las costuras de un peronismo que hoy se encuentra en una encrucijada histórica. Por un lado, una base social que exige firmeza absoluta contra el desmantelamiento del Estado; por otro, una liga de gobernadores que parece utilizar las bancas en el Congreso como moneda de cambio para obtener migajas presupuestarias o alivio fiscal en sus distritos.

La pregunta es inevitable: ¿qué representa hoy esta institucionalidad? Si la vicepresidencia del Senado sirve para aceitar mecanismos de gobernabilidad para un Ejecutivo que gobierna por decreto y desprecia el derecho laboral, entonces la "rosca" política se vuelve funcional a la reacción. La figura de Moisés, proveniente de un Jujuy que sabe bien lo que es la persecución política y el extractivismo, queda ahora bajo la lupa: ¿será la voz del interior rebelde o el brazo ejecutor de los pactos de pasillo?

Sáenz y el fantasma del colaboracionismo

El rol de Gustavo Sáenz es clave para entender este movimiento. El mandatario salteño ha consolidado un perfil que, bajo la excusa de la "previsibilidad" y el "federalismo", termina siendo el soporte legislativo que el gobierno de Milei necesita para avanzar con sus reformas estructurales. Esta "pata peronista" del ajuste es la que hoy celebra la designación de Moisés, entendiéndola como un triunfo propio frente al bloque de Unión por la Patria que intenta mantener una línea de oposición sin concesiones.

Este tipo de acuerdos huelen a vieja política. No se puede defender el federalismo si se entregan los recursos naturales con el RIGI; no se puede hablar de peronismo si se facilita el quórum a quienes quieren rematar las empresas del Estado. La "mano invisible" de los gobernadores es, muchas veces, la que le suelta la mano a los trabajadores en el momento más crítico.

La necesidad de una alternativa clara

La fragmentación del bloque no es solo un problema de números; es un problema de identidad. El peronismo no puede ser una confederación de intereses provinciales que se salvan solos mientras el país se hunde. La presencia de Moisés en la línea sucesoria debe ser interpelada desde las bases: la unidad que necesitamos es la unidad en la lucha, no la unidad en los cargos.

El desafío para la militancia y para los sectores más lúcidos del progresismo es evitar que el Senado se convierta en una escribanía de los gobernadores pactistas. La única legitimidad que cuenta es la que se construye de cara al pueblo, defendiendo la justicia social y frenando, con el cuerpo y el voto, el proyecto de hambre que hoy nos gobierna.

¿Se sentará Moisés a discutir el destino de la Patria con el pueblo, o será una pieza más en el engranaje de la gobernabilidad del ajuste? La historia, y la calle, le demandarán la respuesta.