El asalto final contra la dignidad trabajadora
La iniciativa oficialista busca sellar medio siglo de erosión neoliberal sobre la arquitectura social argentina. Lo que proponen es la descolectivización absoluta del trabajo: transformar el vínculo laboral en una transacción efímera entre supuestos "pares", donde el riesgo ya no lo asume la patronal, sino el trabajador.
La iniciativa oficialista busca sellar medio siglo de erosión neoliberal sobre la arquitectura social argentina. Lo que proponen es la descolectivización absoluta del trabajo: transformar el vínculo laboral en una transacción efímera entre supuestos "pares", donde el riesgo ya no lo asume la patronal, sino el trabajador.
Al dinamitar la antigüedad, la estabilidad y la representación gremial, el capital busca privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. No estamos ante una ley para crear empleo, sino ante un dispositivo de transferencia de riqueza desde las mayorías populares hacia una élite que ve en el derecho social un obstáculo para su depredación.
Tecnología para la exclusión: La IA al servicio del Capital
El escenario global agrava esta encerrona. Mientras la cúpula tecnológica de Silicon Valley admite que la inteligencia artificial reemplazará la mayoría de las tareas administrativas en menos de 18 meses, el sistema se prepara para consolidar una clase baja permanente.
- Concentración: La tecnología, que debería ser una herramienta de liberación, está siendo capturada por una minoría para garantizar un sistema de castas donde la movilidad social desaparezca definitivamente.
- Descartes: Quienes no posean el capital para acceder a estas herramientas quedarán condenados a la subsistencia mínima, mientras el Capital se reproduce sin necesidad de fuerza de trabajo humana.
Guerra y represión: El disciplinamiento del hambre
El panorama se completa con un mundo que vira hacia la economía de guerra, impulsada por figuras como Donald Trump, donde el Estado ya no necesita consumidores, sino un complejo industrial-militar financiado con el sudor de los pueblos.
En nuestro suelo, este modelo de exclusión se sostiene con la agitación del miedo. Los recientes episodios de "paquetes bomba" y la retórica oficial sobre "terroristas" huelen a operaciones diseñadas para justificar la represión. Como ya advirtió la historia y el propio oficialismo: cuando la gente no tiene para comer, la radicalización es la respuesta inevitable de un pueblo que se niega a morir de hambre.
Frente a este "fin del trabajo" que nos proponen, la respuesta debe ser más organización, más política y la defensa inclaudicable de la soberanía nacional y la dignidad de quienes mueven la Patria.
