La grieta que el FMI no cierra: Sturzenegger avanza sobre Caputo mientras la inflación golpea a los de abajo
La interna del gobierno libertario dejó de ser un rumor de pasillos. La disputa entre el ministro de Desregulación y el de Economía se dirime en Washington y en las redes, pero sus consecuencias las pagan los sectores populares.
Hay una pelea de palacio en curso. Federico Sturzenegger se atribuye en privado haber sido el artífice del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, ese que llegó demorado desde enero y que la titular del organismo, Kristalina Georgieva, anunció con una advertencia incorporada: la inflación sigue siendo un problema. La señal no fue inocente. Tampoco el timing.
Sturzenegger se posiciona como el técnico confiable ante Washington. Su paso por el MIT le abre puertas, y en el Fondo lo escuchan. Lo que no dice en voz alta lo comunica con esa geometría clásica del operador político: dejar que los datos hablen por él.
El dato que habla es la inflación de marzo: 3,4%, diez meses seguidos de suba. Caputo pisó el dólar y abrió las importaciones para frenar la inflación. Sabía que el costo era la destrucción de miles de empresas nacionales, pero los ajustes recesivos de matriz liberal bajan la inflación así. Excepto que la inflación no bajó, subió. La lógica ortodoxa falló en sus propios términos, y esa fractura interna ahora tiene nombre y apellido.
La discusión entre Sturzenegger y Caputo no es nueva: ambos chocaron en el gobierno de Mauricio Macri por las metas de inflación y el control del dólar. Aquella disputa terminó con la salida de Sturzenegger del Banco Central, y la herida nunca cicatrizó. Lo que cambió es el escenario: hoy disputan la orientación de un programa que ya lleva más de un año descargando su peso sobre los trabajadores, los jubilados y el tejido productivo nacional.
La pelea interna entre tecnócratas no debería distraer del problema estructural: Caputo retuvo partidas de fuerte impacto social, incumplió leyes como la del financiamiento universitario, y su recorte disparó el colapso del PAMI, al que Economía le debe cerca de mil millones de dólares. El ajuste fiscal, en cualquiera de sus versiones, tiene un destinatario concreto: los que menos tienen.
Sturzenegger y Caputo no representan proyectos antagónicos. Ambos comparten la gramática del FMI, la subordinación externa y la desconfianza hacia el Estado como herramienta de desarrollo. Su disputa es de método y de poder, no de modelo. Mientras ellos dirimen hegemonía al interior del establishment, la Argentina popular sigue esperando una política económica que no le pida sacrificios infinitos a cambio de promesas que no llegan.
