Kicillof marca el camino: construir un programa de transformación para no volver a fallarle al pueblo
Desde el corazón de la resistencia al modelo de hambre libertario, el gobernador Axel Kicillof lanzó un llamado contundente a la militancia y a la dirigencia: el Peronismo debe volver a ser la herramienta de transformación que el país necesita, con un programa claro que no se detenga ante las presiones del poder real. "No podemos ganar para tener dificultades de gestión", sentenció.
En un contexto donde el ajuste de Javier Milei pulveriza los ingresos y desmantela el Estado, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, se posicionó una vez más como el principal referente de la alternativa nacional y popular. Durante un encuentro político cargado de mística y debate, Kicillof fue directo al hueso de la discusión interna: la necesidad de una planificación estratégica que garantice que el próximo gobierno popular no sea solo una administración de la crisis, sino una verdadera revolución de justicia social.
La advertencia del mandatario bonaerense resuena como una autocrítica necesaria sobre las experiencias recientes: "No nos puede pasar que ganemos y después tengamos dificultades para llevar adelante las transformaciones". Para Kicillof, el triunfo electoral debe ser el punto de partida de un compromiso innegociable con el mandato de las mayorías.
Un programa nacido desde las bases
Kicillof enfatizó que la unidad no puede ser un simple amontonamiento de nombres para ganar una elección, sino que debe estar cimentada en un acuerdo programático profundo. En este sentido, la propuesta es clara:
- Soberanía Política: Recuperar la capacidad de decisión frente a los organismos internacionales y los fondos buitre.
- Independencia Económica: Fomentar la industria nacional y el mercado interno como motores del empleo digno.
- Justicia Social: Devolverle al pueblo el derecho a la salud, la educación y el alimento, hoy arrebatados por la crueldad del mercado.
"Tenemos que discutir hoy qué vamos a hacer con cada palanca del Estado. No hay margen para la improvisación cuando lo que está en juego es el plato de comida de los argentinos", afirmó el gobernador ante una militancia que lo reconoce como el escudo frente al avance de la derecha.
La provincia como refugio y vanguardia
Mientras el Gobierno Nacional se jacta de destruir el Estado "desde adentro", la gestión de Kicillof en territorio bonaerense se erige como el contraejemplo viviente. Con la obra pública como estandarte y la presencia estatal en los barrios más postergados, la Provincia demuestra que otro camino es posible.
Sin embargo, el mensaje de Axel no es de complacencia. El líder bonaerense entiende que la provincia no es una isla y que la reconstrucción debe ser federal y total. La consigna es "volver para ser mejores", pero con el contenido concreto de una izquierda peronista que no teme confrontar con los privilegios de la casta financiera y empresarial que hoy gobierna el país.
Conclusión: El mandato de la hora
El llamado de Kicillof es una invitación a la acción. No se trata solo de resistir el embate libertario, sino de sembrar la esperanza de un futuro distinto. El Peronismo, en su vertiente más transformadora y progresista, tiene la tarea histórica de reorganizarse para ofrecer una salida que no deje a nadie afuera.
La advertencia está hecha: ganar es la condición, pero transformar es la obligación. El pueblo no aceptará más excusas; el momento de construir la nueva victoria es ahora.
