Bioceres y el fracaso del agronegocio financiero: Cuando la ciencia nacional se rifa en Wall Street
La caída estrepitosa de Bioceres no es la leyenda de un Ícaro que voló demasiado alto, sino la crónica de cómo el capital financiero captura los avances científicos de nuestro pueblo para convertirlos en una ficha de casino internacional. Lo que nació en la crisis de 2001 como un proyecto de productores locales, hoy se desmorona bajo el peso de una deuda asfixiante y el desprecio de los mismos mercados a los que intentó seducir.
La caída estrepitosa de Bioceres no es la leyenda de un Ícaro que voló demasiado alto, sino la crónica de cómo el capital financiero captura los avances científicos de nuestro pueblo para convertirlos en una ficha de casino internacional. Lo que nació en la crisis de 2001 como un proyecto de productores locales, hoy se desmorona bajo el peso de una deuda asfixiante y el desprecio de los mismos mercados a los que intentó seducir.
El secuestro de la soberanía científica
El mayor hito de esta empresa, la tecnología HB4 de semillas resistentes a la sequía, no surgió del vacío empresarial, sino de la excelencia de nuestra ciencia pública a través del CONICET. Sin embargo, ese conocimiento estratégico fue arrastrado a la lógica de Wall Street, donde el valor de una patente importa más por su capacidad de especulación que por su potencial para mitigar el hambre o proteger la producción ante el cambio climático.
Las cifras del desguace:
- Derrumbe bursátil: Las acciones en el Nasdaq perdieron cerca del 90% de su valor en pocos meses, pasando de ser un "unicornio" a cotizar como una penny stock por debajo de un dólar.
- Default y Concurso: La firma entró en cesación de pagos y pidió el concurso preventivo de acreedores tras acumular una deuda inmanejable que ronda los 58 millones de dólares en su filial estadounidense.
- Financiarización tóxica: El uso de notas convertibles terminó licuando a los accionistas y facilitando una maniobra donde los grandes acreedores buscan quedarse con los restos de la empresa a precio de ganga.
El contexto de una Argentina que se achica
No es casual que este descalabro coincida con un modelo económico nacional que desprecia la inversión productiva y la ciencia local. La caída de ingresos de la firma (28% menos en el último ejercicio) responde tanto a la baja de precios internacionales como a un mercado interno asfixiado por la recesión y la apertura indiscriminada de importaciones que golpea a todo el sector de insumos agropecuarios.
Reflexión Final: Ciencia para el Pueblo, no para el Mercado
La crisis de Bioceres deja una lección dolorosa: el "capitalismo verde" y la innovación científica no garantizan soberanía si no están acompañados por una protección estatal y una visión nacional. Mientras los CEOs juegan a las finanzas globales, son los trabajadores de la ciencia y el desarrollo nacional quienes ven cómo su esfuerzo se evapora en los balances rojos de Nueva York.
La salida no es más mercado, sino volver a poner la tecnología al servicio del desarrollo industrial argentino y no del extractivismo financiero.
