La caída de Le Blé: el colapso del consumo destroza al comercio PyME y al empleo asalariado
El concurso de acreedores de la icónica cadena porteña expone la violencia del modelo recesivo nacional: tarifazos, retracción de ingresos y ahogo financiero paralizan la economía real y expulsan trabajadores.
La solicitud de concurso preventivo de la firma gastronómica Le Blé —que llegó a erigirse como un modelo de expansión en la Ciudad de Buenos Aires con 39 sucursales y producción artesanal— no representa un hecho aislado ni una impericia de gestión. Es el síntoma estructural de un esquema económico que, al pulverizar el poder adquisitivo de los asalariados y desregular las tarifas, asfixia sistemáticamente al entramado productivo de las pequeñas y medianas empresas.
Nacida en Colegiales en 2008, la marca logró prosperar en el mercado local mediante la diversificación por franquicias y la puesta en valor del trabajo gastronómico de cercanía. Sin embargo, el shock económico implementado por la gestión de La Libertad Avanza empujó a la empresa a un capital de trabajo negativo, al embargo de sus cuentas y a una drástica reestructuración que ya dejó a más de 30 familias en la calle, mientras busca renegociar deudas con 76 acreedores para evitar la quiebra.
Detrás del eufemismo técnico de la "crisis de consumo" subyace una transferencia violenta de recursos desde la economía real hacia los sectores financieros y de servicios públicos concentrados. Cuando el salario real se desploma y los costos fijos de alquileres, energía y servicios se tornan impagables, la demanda interna se contrae en espiral. El resultado es destructivo para la soberanía económica: desaparecen pymes orientadas al mercado interno, se destruye valor agregado nacional y la variable de ajuste termina siendo, indefectiblemente, la clase trabajadora.
El caso de Le Blé confirma que la desregulación a ultranza no premia el esfuerzo productivo. Sin un Estado presente que regule las variables macroeconómicas, sostenga el mercado interno y proteja el poder de compra de las mayorías, el achicamiento de la actividad comercial arrasa tanto a los emprendimientos locales como a las fuentes de trabajo que sostienen la vida comunitaria.
