A 50 años del zarpazo oligárquico: El plan sistemático para decapitar la soberanía popular
No fue solo una "dictadura militar". Fue la herramienta de la burguesía intermediaria y el capital financiero para desmantelar la Argentina industrial y peronista. A cinco décadas de aquel 24 de marzo, el análisis histórico nos revela que el terrorismo de Estado fue el costo necesario que pagaron las élites para imponer una deuda externa eterna y el fin de la justicia social.
La historia oficial suele edulcorar el 24 de marzo como un "quiebre institucional" o una disputa entre bandos. Pero para quienes nos formamos en la tradición del campo nacional y popular, la verdad es otra: el golpe de 1976 fue la venganza de clase contra el avance de los trabajadores que, desde el 45, habían osado disputar la renta nacional.
1. El disciplinamiento del movimiento obrero
El objetivo primordial no fue "el orden", sino la destrucción de la columna vertebral del peronismo. La desaparición de delegados gremiales y comisiones internas en fábricas como Ford, Ledesma o Acindar demuestra que el genocidio tuvo un claro carácter empresarial. Se buscaba una fuerza laboral sumisa y barata para garantizar la tasa de ganancia de los de siempre.
2. Martínez de Hoz y la génesis del saqueo
Si los militares pusieron las armas, la oligarquía puso el programa. El plan económico de José Alfredo Martínez de Hoz fue el acta de nacimiento del neoliberalismo en nuestra tierra. La apertura de importaciones y la destrucción del aparato productivo nacional no fueron errores de cálculo; fueron la estrategia para convertir a la Argentina en una factoría proveedora de materias primas y un paraíso para la bicicleta financiera.
3. El Plan Cóndor: La bota imperialista
Es imposible entender el terror sin mirar hacia el Norte. El golpe fue una pieza del ajedrez geopolítico de Washington para evitar cualquier intento de liberación nacional en el Cono Sur. La Doctrina de la Seguridad Nacional fue el veneno inoculado por el imperialismo para que los ejércitos latinoamericanos actuaran como fuerzas de ocupación en su propio territorio.
4. La complicidad civil y eclesiástica
La dictadura no se sostuvo solo con tanques. Hubo un silencio ensordecedor de las cúpulas judiciales y una bendición de la jerarquía eclesiástica que, salvo honrosas y heroicas excepciones, entregó a sus ovejas al lobo. Ese entramado de complicidades es el que hoy, en 2026, todavía intenta garantizar la impunidad de los responsables económicos del horror.
La Memoria no es un museo, es una herramienta de combate
A 50 años, la consigna de los 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos cobra una relevancia brutal frente al actual avance de la derecha reaccionaria. Aquellos que hoy proponen la "motosierra" contra el Estado y la entrega de nuestros recursos naturales, son los herederos ideológicos de quienes firmaron los decretos de aniquilamiento.
"No desaparecieron por 'errores'; desaparecieron por soñar con una Patria justa, libre y soberana. Su lucha es nuestra bandera contra el ajuste que hoy intenta hambrear al pueblo una vez más".
El legado de las Madres y Abuelas
Frente al horror, nació la mayor gesta de resistencia ética de nuestra historia. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo no solo buscaron a sus hijos y nietos; reconstruyeron la dignidad de un pueblo que se negaba a ser vencido. Ellas nos enseñaron que la única lucha que se pierde es la que se abandona.
Este 24 de marzo, las calles de todo el país deben ser un grito atronador. Porque el mejor homenaje a los caídos no es el bronce, sino la construcción de una alternativa política que devuelva la felicidad al pueblo y la grandeza a la Nación.
