Sin mercado interno no hay industria: la recesión sepulta las expectativas de repunte
El relevamiento del INDEC confirma que la falta de consumo y el ahogo financiero paralizan al sector productivo. Sin políticas distributivas que fortalezcan el poder adquisitivo, la ilusión de la recuperación se estrella contra la realidad social.
La Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC vuelve a poner al desnudo los límites del programa económico. En el trimestre agosto-octubre, el 70,9% de los industriales anticipa que no habrá cambios en su producción, mientras que el 16,1% prevé un deterioro y apenas un magro 13% vislumbra un repunte. La supuesta reactivación no encuentra asidero en la economía real.
Más allá de la fría estadística, el dato político clave es el factor que condiciona al entramado productivo: para el 52,9% de las industrias, la "demanda interna insuficiente" constituye el principal obstáculo para operar. El diagnóstico empresarial desmiente las promesas del libre mercado absoluto. Sin un Estado que garantice la justicia social y proteja los ingresos de la clase trabajadora, el consumo masivo se desploma, la utilización de la capacidad instalada languidece (59,1% en junio) y el mercado interno —motor histórico del desarrollo nacional— queda seriamente comprometido.
El impacto sobre el trabajo registrado y la paz social es inmediato. El 17,1% de las firmas industriales proyecta reducciones de personal y un 78,8% prevé congelar planillas, marcando un balance laboral marcadamente negativo (-13 puntos). La destrucción del empleo manufacturero no es un costo colateral, sino el resultado estructural de un esquema que prioriza la valorización financiera frente a la producción de valor nacional.
El sesgo del modelo queda también en evidencia en el plano financiero. Pese al discurso oficial sobre el crédito privado, el 31,4% de las pymes califica como difícil el acceso al financiamiento y casi un cuarto describe su situación financiera como mala.
Ningún esquema de desregulación puede sostener la legitimidad cuando destruye el poder de compra de las mayorías. La falta de horizontes en la industria y el comercio confirma que sin salario digno, mercado interno fortalecido e independencia económica, la promesa de crecimiento resulta inaplicable para el conjunto del pueblo argentino.
