El desgaste del ajuste: la desaprobación a Milei roza el 61% y se extiende la demanda de cambio

El último informe de QSocial expone el choque entre el esquema libertario y la realidad social: el 68% percibe que se gobierna para minorías. La brecha reabre el desafío para el campo nacional-popular.

El desgaste del ajuste: la desaprobación a Milei roza el 61% y se extiende la demanda de cambio
El desgaste del ajuste

El modelo de transferencia de ingresos desde las mayorías trabajadoras hacia los sectores concentrados empieza a pasar su factura política. Según el último relevamiento de la consultora QSocial (QMonitor), la desaprobación a la gestión de Javier Milei alcanzó el 61%, impulsada por el deterioro del entramado productivo, la caída del poder adquisitivo y el creciente pesimismo económico de cara a 2027.

El dato de mayor densidad analítica trasciende la evaluación de imagen: un contundente 68% de los encuestados sostiene que el Gobierno gestiona en beneficio de intereses minoritarios, mientras apenas un 28% percibe una búsqueda de bienestar general. Esta lectura sintetiza la naturaleza de un programa económico centrado en la reprimarización, la desregulación financiera y el repliegue del Estado como articulador del desarrollo y la justicia social. En ese marco, un 56% califica una hipotética reelección presidencial como un "retroceso" para el país, un rechazo que ya permea a votantes independientes y desencantados.

Sin embargo, el descontento social no se traduce de forma automática en un proyecto de liberación nacional. El sondeo advierte que el bloque que integran el peronismo y el kirchnerismo cosecha un 36% de intención de voto, pero mantiene un nivel de rechazo equivalente (47%), proyectando un escenario de balotaje sumamente parejo ante el oficialismo.

El mapa que dibujan las cifras expone la encrucijada del momento histórico: las políticas de libre mercado desgastan su propio consenso social al agredir las condiciones de vida de la clase trabajadora y la producción local. No obstante, para articular esa mayoría fragmentada en una alternativa con vocación de poder, el movimiento nacional-popular enfrenta la tarea ineludible de reconstruir un programa claro de soberanía política e independencia económica. No alcanza con registrar el agotamiento del ajuste; resulta indispensable ofrecer un proyecto colectivo que devuelva la esperanza y la dignidad a los sectores populares.