Soberanía en retroceso: Mientras Brasil planifica su desarrollo con China, el modelo de Milei condena a la industria automotriz argentina al desguace
El gigante asiático desembarca con inversiones millonarias en el país vecino para producir vehículos eléctricos y económicos. La ausencia de un plan industrial en Argentina y la apertura indiscriminada de importaciones nos transforman en meros espectadores de un progreso que hoy nos pasa de largo.
La historia parece repetirse, pero esta vez con una velocidad alarmante. Mientras el gobierno de Luiz Inácio "Lula" da Silva en Brasil profundiza una alianza estratégica con las potencias emergentes para fortalecer su cordón industrial, la Argentina de Javier Milei se encierra en un dogmatismo ciego que desprecia la producción nacional. La noticia es una "alerta" para los titulares de los diarios financieros, pero para el pueblo trabajador es una confirmación del vaciado productivo en marcha.
Las automotrices chinas —con gigantes como BYD y GWM a la cabeza— han elegido a Brasil como su polo logístico y fabril para toda la región. No es casualidad: allí hay un Estado que entiende que la Justicia Social también se construye con fábricas abiertas y empleos de calidad. En cambio, Argentina, que supo ser el faro industrial de América Latina, hoy observa cómo las inversiones huyen ante la falta de seguridad jurídica para los trabajadores y un mercado interno herido de muerte por el ajuste.
El litio para afuera, los autos desde afuera: La paradoja colonial
Resulta doloroso e indignante analizar la situación desde una mirada nacional y popular. Argentina posee una de las reservas de litio más grandes del mundo, el "oro blanco" necesario para las baterías de estos mismos autos que China fabricará en Brasil.
Bajo el actual modelo extractivista, el plan para nuestra Patria es claro y humillante:
- Exportar el recurso natural en bruto, sin valor agregado, a precio de remate.
- Destruir la capacidad técnica de nuestros ingenieros y obreros metalmecánicos.
- Importar el producto terminado desde Brasil, pagando en divisas lo que podríamos haber producido en casa.
"No estamos ante una 'alerta de mercado', estamos ante un plan sistemático de primarización de nuestra economía. Nos quieren convertir en una colonia exportadora de piedras y tierra, mientras los países soberanos planifican su futuro tecnológico", denuncian especialistas vinculados al pensamiento nacional.
La "libertad" de fundir nuestras fábricas
El desembarco chino en Brasil para fabricar autos "baratos" (accesibles para el pueblo) pone en jaque a las terminales locales. Sin una política de sustitución de importaciones ni incentivos a la industria nacional, las fábricas de Córdoba y General Pacheco se enfrentan a una competencia desleal.
La "libertad" que pregona la Casa Rosada es, en realidad, la libertad de los grandes capitales para elegir dónde la mano de obra es más barata o dónde el Estado se retira por completo de sus funciones. Mientras Lula ofrece créditos y protección a la industria, Milei ofrece desregulación y despidos.
¿Hacia dónde vamos?
Si no recuperamos las banderas de la independencia económica, el destino de la industria automotriz argentina será el de un gran cementerio de galpones vacíos. El peronismo progresista sostiene que no hay nación posible sin industria, y no hay industria sin un mercado interno fuerte que consuma lo que produce.
La llegada de las marcas chinas a la región debería haber sido la oportunidad para un bloque regional fuerte (Mercosur) que negocie tecnología a cambio de mercado. En cambio, la política exterior de "relaciones carnales" con el norte nos deja aislados y empobrecidos.
El futuro de la movilidad será eléctrico, pero en la Argentina de hoy, parece que seguiremos andando a pie mientras la casta financiera celebra el "superávit" de las cuentas fiscales sobre la tumba del trabajo argentino.
cuartaposicion
