El voto femenino en pie de resistencia: casi el 70% de las mujeres rechaza a Milei y enciende alarmas en la Casa Rosada
Un sondeo reciente del Observatorio de la Facultad de Psicología de la UBA desnuda la profunda fractura social que provoca el modelo libertario. Mientras el oficialismo sufre por la erosión salarial en los hogares, la violencia discursiva del Presidente contra las mujeres acelera el repudio en el territorio y amenaza con fracturar el anclaje electoral de cara al 2027.
Por Redacción de Análisis Político
La arquitectura del ajuste estructural y la ofensiva cultural de la ultraderecha tropiezan con un límite infranqueable: el sujeto social feminizado. Según revela el último monitor socio-político del Observatorio de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el rechazo a la gestión de Javier Milei trepa al 68% entre las mujeres, profundizando una brecha de género inédita que pone en jaque las aspiraciones reeleccionistas del oficialismo.
Frente al 53% de los varones que todavía manifiesta su anuencia a la continuidad del modelo libertario —sostenido por dinámicas de asimetría en la percepción del descalabro económico—, el mundo femenino marca un freno categórico: un 68% de las consultadas exige un cambio de rumbo gubernamental. En los despachos de la Casa Rosada cunde la preocupación ante la evidencia de que el malestar excede la coyuntura y empieza a permear los vínculos cotidianos al interior de las familias, erosionando el núcleo de sustentación política del oficialismo.
La economía real y el colapso de la subsistencia
La magnitud de este rechazo no se explica desde la abstracción, sino desde el corazón de la materialidad cotidiana. Como señala el director de Opina Argentina, Facundo Nejamkis, las mujeres experimentan con crudeza lacerante el descalabro de la administración de la economía doméstica.
En un escenario donde el salario real ha sufrido una debacle histórica y el costo de la canasta básica familiar pulveriza los ingresos de las y los trabajadores, son mayoritariamente las mujeres quienes cargan sobre sus espaldas la gestión de la escasez. Los datos del sondeo de la UBA reflejan esta fractura en la percepción de la crisis: mientras que un 35% de los varones evalúa positivamente la situación económica, apenas el 21% de las mujeres rescata algún aspecto favorable, y un 61% la rotula lisa y llanamente como catastrófica.
Las políticas de desregulación, la pulverización jubilatoria y la desatención del Estado socavan el entramado social, golpeando con particular saña a los sectores populares y a las trabajadoras que sostienen el tejido comunitario.
Reacción patriarcal y violencia discursiva
El fenómeno, sin embargo, excede la dimensión puramente económica. El rechazo al modelo libertario se nutre también de una dimensión civilizatoria: la resistencia frente a una fuerza política de extrema derecha que ha construido su identidad a partir de una ofensiva sistemática contra los derechos de las mujeres y las diversidades.
La administración nacional ha hecho de la descalificación de las políticas de género y de la condena a los derechos conquistados —como la interrupción voluntaria del embarazo y los mecanismos de equidad— una de sus banderas identitarias, rotulándolas bajo el eufemismo peyorativo de "ideología de género".
A este andamiaje ideológico se le suma un componente inocultable de violencia simbólica: el estilo discursivo del Presidente, plagado de agresiones públicas, descalificaciones y ataques recurrentes contra figuras de la cultura (como Lali Espósito o María Becerra) y trabajadoras de prensa (tales como Maru Duffard, María Laura Santillán, María O'Donnell o Silvia Mercado). La virulencia de estas embestidas ha generado incluso cortocircuitos y debates internos en la propia mesa chica gubernamental, donde advierten con temor que la misoginia explícita de la cúspide del poder actúa como un acelerador del repudio popular.
Hacia una disputa estructural
La consolidación de esta brecha de género pone de manifiesto que las disputas políticas en la Argentina contemporánea no se dirimen únicamente en el terreno de la superestructura macroeconómica, sino en la profundidad de los cuerpos, los hogares y las subjetividades.
Mientras el oficialismo intenta blindar su relato a fuerza de marketing y apela al silenciamiento de los conflictos universitarios y laborales, la realidad de los sectores populares —encabezada por un movimiento de mujeres y diversidades con histórica vocación de lucha y organización— demuestra que los límites de la crueldad económica y social tienen un anclaje insostenible. En la resistencia cotidiana de las familias trabajadoras se gesta el dique de contención más firme frente a la pretensión restauradora de la derecha.
